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Actualidad sobre Educación

    42004Fuente: AICA, Lunes 25 de noviembre de 2019 - Ver artículo original

    Tokio (Japón) (AICA): El valor del diálogo, la paz, la justicia hacia los excluidos y los olvidados, la solidaridad, de la defensa de la vida y el pleno respeto por la dignidad y los derechos de los miembros de la familia humana, fueron los ejes del discurso que el papa Francisco dirigió hoy a las autoridades, miembros del Cuerpo en la gran sala del Kantei, la residencia oficial del primer ministro japonés.


    En su tercera jornada del viaje a Japón, el Papa se reunió hoy con el primer ministro, Sinzho Abe, en la residencia oficial de Kantei y después dirigió un discurso a las autoridades japonesas reunidas en la sala que lo recibieron con un fuerte aplauso.

    Previamente, el Santo Padre mantuvo un encuentro privado con el primer ministro de Japón, Shinzō Abe, en la sala especial de invitados del Kantei.

    Al final, después del intercambio de regalos, el primer ministro y el Papa se trasladaron a la gran sala donde tuvo lugar el encuentro con las autoridades y los miembros del Cuerpo Diplomático de Japón.

    En primer lugar Abe dirigió unas palabras al Santo Padre en las que aseguró que Japón, “como el único país que ha experimentado el horror de la devastación de la energía nuclear en la guerra, tiene la misión de liderar a la comunidad internacional para que hagan esfuerzos para un mundo totalmente libre de armas nucleares”.

    “Este es el firme principio y creencia establecida por el Gobierno japonés”, añadió Abe, quien aseguró además que seguirán trabajando para ser “un puente entre los Estados que tienen armas nucleares y los que no”.

    En su alocución, en español, el papa argentino recordó que para un mundo más justo y fraterno es esencial crear una cultura de encuentro y diálogo. Los contactos personales, subrayó, fomentaron el crecimiento, la armonía, la justicia, la solidaridad y la reconciliación, “cemento para la construcción de la paz”, en sectores como la educación, el deporte y el turismo. En resumen, un “espíritu olímpico” que busca la excelencia y no la rivalidad, por lo que el pensamiento del Papa se dirige a los próximos Juegos Olímpicos y Paralímpicos:

    “Estoy seguro de que los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, que se celebrarán el próximo año en Japón, servirán de estímulo para desarrollar un espíritu de solidaridad que vaya más allá de las fronteras nacionales y regionales y busque el bien de toda nuestra familia humana”.

    En su reflexión, Francisco se centró en la herencia de valores que Japón preservó y aludió al Documento sobre la Hermandad Humana, firmado con el Gran Imam de Al-Azhar el pasado febrero en Abu Dhabi, como un faro para “asumir la cultura del diálogo como una colaboración común como conducta; conocimiento mutuo como método y criterio”.

    “La buena relación entre las diferentes religiones no solo es esencial para un futuro pacífico, sino también para preparar a las generaciones presentes y futuras para valorar los principios éticos que sirven de base para una sociedad verdaderamente justa y humana”.

    La fragilidad de los cerezos en flor
    También abordó la crisis medioambiental cuando con una metáfora explicó que “la delicadeza de la flor de cerezo”, uno de los símbolos del Japón, “nos recuerda la fragilidad de nuestra casa común, sometida no sólo a desastres naturales sino también a la codicia, la explotación y la devastación por manos del hombre”.

    Y valoró que “cuando la comunidad internacional ve difícil cumplir sus compromisos de proteger la creación, son los jóvenes quienes, cada vez más, hablan y exigen decisiones valientes”. Pero que a ellos, hay que responderles “con la verdad, no con palabras vacías; hechos, no ilusiones”, advirtió.

    Recordó Francisco a las autoridades japonesas que “la dignidad humana debe estar en el centro de toda actividad social, económica y política” y “se debe mostrar preocupación por aquellos que son olvidados y excluidos” y sobre todo se refirió a los jóvenes que se sienten a veces abrumados por las dificultades”.

    Destacó al finalizar en la tercera potencia económica mundial que “la civilización de cada nación o pueblo no se mide por su poder económico sino por la atención que dedica a los necesitados”.

    Al final, el primer ministro y el Santo Padre se trasladaron a la entrada principal para la despedida. Luego el Papa regresó a la nunciatura apostólica.