El pasado 25 de marzo del corriente año, el Colegio Amparo de María celebró sus 150 años. Por ello queremos felicitarlos y acompañarlos en este camino. 

Para que toda la comunidad participe de este evento, le pedimos a su Representante Legal, Rodolfo Tuzzi que nos cuente algo mas sobre el colegio y su historia. Esto nos compartío:

El asilo de huérfanas y colegio Amparo de María nació en épocas duras, en el momento en que la historia de la Argentina comenzaba a recorrer sus tiempos modernos, cuando el espíritu colonial aún se resistía a dejar el tiempo y el espacio cordobés.
Nació en función de una necesidad social: dar albergue a huérfanas, y continuó su marcha en pos de cubrir otra necesidad vital: dar educación a las futuras mujeres cordobesas.

Los “sesenta estaban llegando a su fin en ese siglo diecinueve. Cuarenta manzanas constituían el tejido propio de la ciudad y los no más de treinta mil habitantes solo poseían cuatro o cinco calles cubiertas de piedra bola para tratar de evitar el barro que era constante en las estaciones de lluvia. Se producían cambios políticos, económicos, culturales y sociales que alteraron la vida cordobesa y la del país todo.

En diciembre de 1866 comienzan varias mujeres cordobesas a darle forma a la sociedad de señoras de San Vicente de Paul con el apoyo decidido del gobernador Luque y cuya labor será sostén indiscutido del trabajo realizado por los hombres que formaron las conferencias de San Vicente de Paul. Se aproximaba el fin de año y los cordobeses se debatían en torno a la revolución encabezada en agosto por el sargento Luengo y la posterior intervención de las tropas nacionales con la consecuente disolución de la legislatura, cuando el 17 de diciembre se inicia una desgracia que terminaría de conmover a Córdoba: se registra el primer caso de “cólera morbus”. Más de tres mil serán las víctimas y tras de ellas, la presencia de muchos huérfanos. La epidemia duraría hasta fines de abril de 1868.

La peste no hizo distinciones. Diezmó tanto a la aristocracia como a los sectores más vulnerables. Muchos quedaron huérfanos, sin protección, mendigando en las calles.

Hubo quienes comprendieron la urgencia que la situación exigía. Quien dio la voz de alerta fue don Ignacio Vélez a través de su diario El eco de Córdoba exponiendo la idea sobre la necesidad de obrar en ayuda de esos huérfanos. El presidente de la conferencia vicentina y a la vez presidente de la municipalidad de Córdoba, señor Apolinario Rivas, secundado por vicentinos que permanecían en la ciudad, se aprestaron a dar culminación a la obra predicada por Vélez. Mucho ha sido el esfuerzo y trabajo de ese primer consejo vicentino para lograr fundar y sostener la obra, contando con el apoyo de los vecinos .También se propuso a las hermanas de la caridad hijas de María del huerto para que regenteen la nueva institución. El consejo vicentino en cesión especial fijó el día 25 de marzo del año 1868, día de la concepción de Jesús, como fecha para la instalación de la casa. Se alquilaron dos casas comunicadas entre sí, en la entonces calle Colón, inaugurando el asilo con diez huérfanas.

Las hermanas del Huerto sugirieron a los vicentinos dar un doble carácter a su obra, es decir, recibir y educar gratuitamente a las niñas huérfanas y establecer en el mismo lugar un colegio con internado para alumnas que contaran con recursos para ello. La iniciativa fue aprobada y de esa manera nació el colegio Amparo de María que complementó la obra del asilo de huérfanas. Ante el aumento del número de niñas se comenzó a buscar un terreno para construir un establecimiento que permita albergar a un mayor número de niñas. Adquirieron el terreno donde se encuentra actualmente la institución. Fueron modestos los recursos con los que se inició nuestra institución pero asistido por la Providencia y la generosidad de muchas mujeres y hombres se ha podido superar distintos momentos críticos de nuestra historia y llegar a tener nuestro presente.

En estos 150 años de vida han sido muchas y complejas las situaciones que ha tenido nuestra Patria y que han hecho suponer en distintos momentos el cierre de nuestra institución. Pero gracias a Dios la obra que El inspiro fue sostenida con su Providencia, el Amor de María, la intersección de nuestros santos y la presencia de tantas mujeres y hombres que entregaron su corazón en nuestra institución.

No es posible nombrarlos a todos ya que muchos de ellos nos son desconocidos pero es necesario referirnos a los que integran la sociedad de San Vicente de Paul, especialmente a Agustín Garzón quien le dedico cuarenta años de su vida a sostener la vida del Amparo, a las hermanas del Huerto, las hermanas capuchinas de la madre Rubato, religiosas de Schoenstatt, Fasta, padres vicentinos, religiosos que nos han acompañado y al personal de la institución, que en la actualidad sigue poniendo su corazón y dedicación al servicio de nuestros alumnos de manera de seguir educando sirviendo en la esperanza.