la nacionFuente: La Nación, Lunes 18 de diciembre de 2017 - Ver artículo original

Quienes actualmente consultan por un proceso de orientación vocacional se encuentran con una amplia diversidad de oferta de carreras. Esto genera dificultades a la hora de tomar una decisión, ya que el exceso de información es abrumador y confuso. Como orientadores, buscamos ayudar a seleccionar la información teniendo en cuenta los desafíos como estudiante, pero también como profesional al ejercer.

Internet abre un sinfín de posibilidades, pero no para todos. No todos somos emprendedores. La persona emprendedora, aventurera, puede soportar la incertidumbre y sentirse estimulada por ella. Pero la persona más secuencial e intelectual quizá no se sienta a gusto exponiéndose a los cambios y prefiera una carrera tradicional que le provea orden y previsibilidad. Cada caso es único.

La orientación busca generar una toma de decisión consciente e informada. Cada historia produce sujetos siempre particulares e irrepetibles. Los mandatos familiares y sociales, siempre determinan nuestras decisiones ya sea porque los cumplimos o porque nos rebelamos frente a ellos. Moldean nuestros gustos, nuestras habilidades e incluso nuestros miedos.

En el proceso de orientación vamos deconstruyendo esos mandatos y se resignifican. Vemos que la tendencia actual es que los padres estimulen a sus hijos a estudiar lo que ellos deseen. Lo que no ha cambiado es la intención de transmitir la importancia de la seguridad e independencia económicas.

También tenemos el caso de los chicos que son los primeros de su familia en alcanzar por primera vez estudios superiores. Ellos consiguen orgullosamente cumplir el sueño familiar, han confirmado que tienen la capacidad para mejorar la realidad y superar los límites de las generaciones anteriores. Comienzan sus carreras con empuje y motivación. Esta motivación se sostiene en el tiempo siempre y cuando la persona tenga facilidad y disfrute del proceso de estudiar y luego de ejercer.

Cuando la motivación es satisfacer el mandato del otro sin un deseo concomitante, la carrera se abandona. Es por esto que, más allá de cómo hayamos sido marcados por nuestra historia familiar, el proceso de orientación vocacional se enfoca en producir un conocimiento de uno mismo, una toma de conciencia para identificar qué profesión será la que nos permita expresarnos, satisfacernos emocionalmente y permitirnos desarrollar nuestro intelecto.

La autora es psicóloga especialista en orientación vocacional. Trabaja en Asistencia Psicoterapéutica Integral (API)

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