maxresdefault 1556911232Fuente: La Voz del Interior, Sábado 04 de mayo de 2019 - Ver artículo original

La investigadora Dora Niedzwiecki asegura que los dispositivos escolares tradicionales no captan la multiplicidad de formas de vida joven. La alianza entre Educación y Salud reduce el fracaso escolar.

“Gestionar la vida cotidiana en las escuelas secundarias implica la necesidad y el desafío de decidir cada vez, y cada vez más vertiginosamente, sobre lo nuevo al interior de una estructura que se revela insuficiente, resistente y caduca para alojar de modo amigable y respetuoso a cada ingresante, e incluir al conjunto respetando la singularidad de cada quien”.

Así describe Dora Niedzwiecki –psicopedagoga y doctora en Ciencias Sociales– el estado de situación de las escuelas insertas en un sistema educativo que sigue mostrando enormes fallas. En la Argentina, cada dos adolescentes que ingresan a la secundaria, sólo uno la finaliza. Y cada cinco estudiantes que egresan del circuito de educación de gestión privada en el tiempo previsto, sólo lo hacen dos en el circuito de gestión pública.

Niedzwiecki es investigadora del Programa de Políticas, lenguajes y subjetividades en educación, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), y dirige un curso de posgrado titulado “Escuela secundaria y políticas de cuidado. Interfaces entre educación y salud”, que busca poner en agenda el tema de la secundaria y las políticas de cuidado para con los adolescentes (http://flacso.org.ar).

Habló con La Voz sobre la necesidad del trabajo conjunto entre sectores sanitarios y educativos para que los alumnos encuentren un sistema de apoyo en un momento crucial de sus vidas, que requieren de múltiples cuidados.

Para la experta, se necesitan “políticas de cuidado” que permitan garantizar el bienestar general de los estudiantes, lo que redundará, también, en mejor rendimiento académico.

Para lograrlo, dice Niedzwiecki, los gobiernos deben garantizar el pleno ejercicio de los derechos a la salud y a la educación de los adolescentes.

Las leyes por sí mismas no alcanzan. Por caso, si bien existe la ley de educación sexual integral, la norma no garantiza un cambio real al interior de las instituciones. Se necesita capacitación y acompañamiento para afrontar situaciones por las que pueden atravesar los adolescentes –embarazos, malos tratos, abusos, adicciones, depresión o problemas familiares– y que afectan de manera directa el desempeño escolar.

“No siempre detrás de cada estudiante podemos encontrar una estructura familiar que lo sostenga. O, a veces, los preceptores o la portera son los únicos adultos con los que, en muchos días, un alumno o una alumna conversan y comparten sus preocupaciones vitales”, plantea la especialista.

Sin embargo –advierte–, estas situaciones no siempre pueden catalogarse como patológicas, deficitarias o vulnerables. “Lo que sí necesariamente nos remite es a parar las rotativas, y pensar en qué y cómo nos posicionamos en tanto profesionales responsables en los trabajos institucionales que desempeñamos”, subraya.

Mucho por hacer

Niedzwiecki plantea que la sociedad se expresa a través de la escuela. “Todo cuanto sucede dentro de la escuela refleja un afuera que entra en disputa con repertorios clásicos de intervención escolar”, sostiene.

En este contexto, ¿cómo se generan condiciones apropiadas para que cada ingresante al secundario permanezca y egrese distinto, enriquecido?

“Se evidencia que el dispositivo escolar tradicional no logra captar ni hacer lugar a la multiplicidad de formas de vida joven que habita cada escuela. Transitamos un camino en pendiente en lo que hace, por ejemplo, a la enseñanza del cuidado y la atención de la salud, como así también a brindar información y asesoramiento tanto a docentes como a estudiantes y a sus familias sobre los marcos regulatorios de acceso a derechos que rigen al respecto”, plantea Niedzwiecki.

La idea es trabajar de manera conjunta, con la mira puesta en el cuidado. En este sentido, la experta recuerda que en la Argentina rige un Sistema de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (ley Nº 26.061, de 2005), que incluye al conjunto de organismos y cuya función es llevar adelante las políticas públicas destinadas a la promoción, la protección y el restablecimiento de los derechos.

“Comprende a la gestión de las políticas de cuidado de manera intersectorial y transversal, bajo el principio de corresponsabilidad. De esta manera, tanto el subsistema de educación como el de salud deben garantizar el pleno ejercicio de los derechos a la educación y a la salud, entre otros, en tanto derechos humanos, de carácter universal”.