la vozFuente: La Voz del Interior, Miércoles 04 de septiembre de 2019 - Ver artículo original

Mejoraron los indicadores de acceso, pero el desgranamiento es alto. También se evidencia un déficit en la asignación de recursos y en los resultados de aprendizaje.

¿Qué pasó con la educación argentina en dos décadas? ¿En qué se avanzó? ¿Cuáles son las tareas pendientes? El informe anual sobre “El estado de la educación argentina”, elaborado por el Observatorio Argentinos por la Educación y presentado ayer en el Centro Cultural Kirchner, da algunas pautas sobre lo que ocurrió en el país entre 1998 y 2018. Estas son algunas de las conclusiones.

En dos décadas, el sistema educativo nacional sumó 1.958.415 estudiantes, lo que representa un aumento del 23%. Mientras en el jardín de infantes hay 735.973 alumnos más (obligatorio a partir de los 4 años desde 2014), la secundaria incorporó 1.096.050 estudiantes (nivel obligatorio desde 2006). La primaria se mantuvo estable y es prácticamente universal (asiste el 99% de niños).

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Un dato sobresaliente es que la matrícula en el sector privado creció 47,3% en todo el país, en 20 años, mientras que la estatal subió 15,2%.

También se incrementó la inversión educativa, aunque viene cayendo desde 2015. No obstante, persisten grandes desafíos, ya que solo seis de cada 10 alumnos llegan al último año de la secundaria en el tiempo esperado (entre 2006 y 2011 eran 51 de cada 100) y, entre quienes llegan, tres de cada 10 alcanzan o superan los niveles satisfactorios de aprendizaje en Matemática.

En este período, el secundario se democratizó con el ingreso masivo de estudiantes que se fueron convirtiendo en primera generación de bachilleres o de técnicos de sus familias.

Sin embargo, y a consecuencia de la expansión, gran parte de los alumnos se pierden en el camino, mientras que otra porción significativa no aprende lo mínimo e indispensable del nivel.

El informe elaborado por Nicolás Buchbinder, Axel McCallum y Víctor Volman para el Observatorio observa cinco dimensiones de la educación argentina: el acceso, la eficiencia interna (repitencia, promoción efectiva y progreso en edad esperada), los recursos humanos, los financieros y los resultados de aprendizaje.

Todos los indicadores son dispares entre provincias y están asociados a las características de la población y al desarrollo económico. Además, cada sistema de educación tiene sus propias dificultades, recursos y realidades.

Trayectorias y aprendizaje

Los aprendizajes y las trayectorias son dos enormes desafíos que persisten en el tiempo. El desgranamiento y el retraso en la finalización de los estudios en el tiempo previsto (por repitencia y, como consecuencia, por sobreedad) en el secundario afectan a cuatro de cada 10 estudiantes. El mayor desgranamiento de alumnos ocurre en segundo año.

Recursos y cobertura

El acceso al nivel inicial (3 a 5 años) muestra avances notables en 20 años. La matrícula creció 63,4% entre 1996 y 2017. Actualmente, tres de cada cuatro niños de entre 3 y 5 años asisten al jardín de infantes.

“El nivel que más se ha expandido en los últimos años es el inicial. En este fenómeno confluyen varias causales: la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, los cambios en la organización familiar y, últimamente, la comprobación de los beneficios que la asistencia a este nivel educativo tiene sobre los aprendizajes futuros y la socialización”, explica Guillermina Tiramonti, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

En la secundaria también hubo avances: la matrícula creció 35,3%. En el quintil más bajo de ingresos, el acceso mejoró más de 20 puntos porcentuales entre 2004 y 2017. Pasó del 63,5% al 85,7%.

La tasa de escolarización de ese nivel en 1998 era del 75%, mientras que en 2016 era de 89,5%. Sin embargo, todavía uno de cada diez estudiantes en edad de asistir no lo está haciendo, y los que se incorporan tienen dificultades para sostenerse en el sistema.

Recursos financieros

La inversión en educación en Argentina, medida como porcentaje del PIB, creció sostenidamente desde un 4% del PBI en 2005 hasta alcanzar, por primera vez en 2015, el 6% indicado por la Ley de Educación Nacional. A partir de ese año, la inversión disminuyó hasta quedar por debajo del piso del 6%. En 2017 fue del 5,6%.

En 2015 se registró el pico máximo del financiamiento en educación. En términos reales, aumentó el 86% en 10 años. De 2015 a 2016, el gasto educativo total cayó 7%.

Por otra parte, una situación que no ha variado a lo largo de los años es que el 80% del presupuesto educativo de las provincias se destina al pago de salarios. Si se incluye el porcentaje destinado a transferencias al sector privado para el pago de salarios (12,5%), la cifra trepa al 90%.

El informe muestra una gran disparidad en la inversión educativa entre las provincias. La diferencia entre las jurisdicciones que más invierten por alumno y las que menos dinero destinan es el triple, incluso si se consideran ajustes por costo de vida y por nivel de salario docente.

Recursos humanos

En dos décadas también aumentaron los recursos humanos. En los niveles inicial y secundario se incrementó la cantidad de cargos docentes entre 1998 y 2018 (93,7% y 56,8%, respectivamente), mientras que la cifra de alumnos se multiplicó por 1,5 y 1,3, respectivamente.

En este período, en el nivel primario la cantidad de cargos subió 17,3%, mientras que la de alumnos disminuyó 1,2%. La proporción de docentes por alumno es desigual entre las provincias.

Sistema de información

El informe advierte sobre la necesidad de mejorar los sistemas de información educativa en el país, para contar con datos durante el ciclo escolar y con información que hoy se desconoce, como el seguimiento de las trayectorias reales de los estudiantes.

“Contar con estos sistemas permitiría mejorar la precisión de los indicadores, implementar (...) políticas de alerta temprana que prevengan el abandono escolar y agilizar la toma de decisiones sobre políticas educativas”, apunta el estudio.