la vozFuente: La Voz del Interior, Domingo 19 de noviembre de 2017 - Ver artículo original

En el siglo 21, es indispensable que la educación superior cambie su paradigma.

Si esperamos tener resultados diferentes, tenemos que dejar de hacer siempre lo mismo.

Si en Argentina sólo el 19 por ciento de la cohorte de 25 a 34 años tiene estudios universitarios completos, entonces tenemos que ocuparnos con soluciones nuevas de ese 81 por ciento que no puede graduarse. O que, en la mayoría de los casos, directamente no accede a las universidades.

Podríamos preguntarnos si, con la excepción de carreras de orden público –por ejemplo, Medicina o Abogacía–, a esta altura del desarrollo del conocimiento es necesario que la única opción de los estudiantes sea una trayectoria académica rígidamente estructurada de cinco a siete años, tiempo en el que algunas áreas del conocimiento se renuevan un ciento por ciento, o pueden en cambio optar por trayectos más flexibles multidisciplinarios, orientados a sus intereses o a necesidades laborales, con la opción de continuar reconvirtiendo sus conocimientos en el futuro en la misma universidad.

Para eso, las universidades argentinas deberían ser capaces, como es norma para el resto del mundo, de acreditar los conocimientos de todos quienes los hayan adquirido en la universidad, más allá de si lo hicieron completando una carrera tradicionalmente estructurada, como parte de una de ellas o como un trayecto formativo conformado de acuerdo con sus necesidades.

Hoy es común, en Córdoba y en el mundo, que alumnos avanzados de carreras tecnológicas “abandonen” la universidad para formar parte de equipos de innovación, para luego retornar a tomar nuevos conocimientos a la universidad.

Sin duda hay que disminuir la deserción clásica, pero es más sustancial dar los conocimientos necesarios de educación superior a la mayoría de los argentinos, para prepararlos para los cambios tecnológicos y socioculturales de esta nueva era.

Para eso están los “reconocimientos de trayectos formativos”: para que la formación académica sea más modular y dinámica en función de los nuevos requerimientos laborales y culturales del futuro.

Esto es parte de la nueva manera de ver la inclusión en educación superior, que se debe contemplar desde el punto de vista sociocultural y también geográfico. Por eso sostenemos la idea de jerarquizar, junto con el Ministerio de Educación de Córdoba, los institutos terciarios del interior provincial, para que los jóvenes puedan cursar los primeros años en su lugar de origen. Todo eso acompañado por un buen “campus virtual” para achicar las distancias y las desigualdades.

Las estadísticas sirven cuando se analizan con criterios objetivos.

Nos preocupa la deserción, pero nos ocupa su solución. En eso estamos.

*Rector de la UNC