DATA ART 1681591Fuente: La Voz del Interior, Lunes 12 de marzo de 2018 - Ver artículo original 

La nueva rutina marcada por el retorno a las clases impacta en la dinámica familiar. Cómo hacer para que la experiencia se viva en forma armoniosa y sin ansiedad. El

lenguaje verbal y no verbal de los adultos es clave.


Todo cambio implica movilidad y no sólo para el niño, sino también para la familia. Al hablar de un niño, hablamos de una persona en desarrollo y este es el motivo por el cual está “sujeto” a las emociones, cambios, acontecimientos de su grupo familiar y adultos de referencia.

La escuela es para los niños muy importante, ya que conviven allí con sus compañeros cada día; además, los docentes son su figura de autoridad. El proceso de readaptación escolar es vivido por muchas familias con agobio y ansiedad; requiere reorganizaciones laborales o búsqueda de cuidadores. Estas situaciones y emociones son compartidas por los niños.

Estas experiencias no sólo son protagonizadas por quienes retoman el ciclo escolar, sino también por quienes comienzan el jardín de nivel inicial o primer grado. El ingreso es un momento muy especial de adaptación a la vida escolar, ya que para los niños es un nuevo tiempo, plagado de incertidumbres ante lo desconocido. Para los padres, en tanto, es una instancia de desapego e incorporación de nuevas rutinas y figuras de autoridad para su hijo o hija.

Cada niño y cada familia viven estos momentos de manera diferente y, por eso, según las circunstancias, son válidas algunas sugerencias y recomendaciones para una saludable adaptación o readaptación al cole.

Para la adaptación

Es importante que los adultos brinden palabras de seguridad y contención ante lo desconocido. Hay que evitar expresar miedos y angustias propios del desapego. Es preciso tener en cuenta que, aunque no las presentemos con palabras, podemos expresar estas inquietudes con gestos, actitudes y silencios. A veces, comentarios como “qué rápido creciste, quisiera que vuelvas a ser chiquito” implican transmitir una percepción negativa de lo que es crecer, algo que no es saludable para ellos. Es importante revestir este momento de palabras positivas, así como vivir el proceso de la manera más relajada posible.

Las palabras y la información quitan la ansiedad a lo desconocido y tranquilizan, por lo que es bueno que los niños conozcan su nuevo jardín previamente, al igual que a quien será su maestra. También contribuye que los adultos podamos hablar de cómo será una jornada y rutina escolar y logremos armar junto con los más pequeños el uniforme y la bolsita con los utensilios para comer.

Es clave que en este año, y especialmente en los primeros tiempos, los padres puedan organizarse para no llegar tarde a buscar a los chicos al jardín. Para los niños, la dimensión del tiempo es muy diferente y les generan mucha angustia las esperas, lo cual perjudica este proceso de adaptación.

Sobre los que comienzan primer grado, es determinante que poco a poco, en los tiempos previos al inicio de las clases, adquieran tareas que favorezcan su responsabilidad. Muchas familias pretenden que en marzo los niños ya se sientan autónomos, cuando posiblemente en los días previos los adultos hacían todo por ellos.

Para la readaptación

La familia debe atravesar este momento con calma. Para ello, sirve tener presente que todo se ordena y que cada año se puede lograr el retorno con todo en su lugar. Es bueno transmitir a los niños lo positivo de volver al cole.

También sirve conversar en familia sobre errores que se cometieron el año anterior en cuanto a organización de tiempos de estudio o tareas. Esa reflexión se puede acompañar con una adecuada estimulación a cumplir metas acordadas para el año en curso.

Es de utilidad preparar juntos previamente los útiles y la mochila. Estas actividades generan ilusión y expectativa a los pequeños, por lo que hacerlas en conjunto potencia el entusiasmo.

La modificación de horarios debe ser gradual y no cambiar. Para ello, se pueden programar tareas recreativas para las horas tempranas, ya que estimulan las destrezas cognitivas. Algunos ejemplos son los juegos de mesa y las lecturas, entre otros. Estos momentos también se pueden convertir en una instancia más de convivencia familiar.

Debemos tener presente el poder del lenguaje verbal para estimular. Hablar bien de los niños, felicitarlos por sus logros previos o animarlos a nuevos desafíos los fortalece.

Siempre es aconsejable que, en caso de que los padres estén separados, estos puedan ponerse de acuerdo y mantener un orden, especialmente en lo que respecta a la organización de las rutinas y horarios escolares. A los pequeños les generan estrés las tenencias compartidas semanales que no están bien organizadas. No saber quién los pasará a buscar o dónde dormirán es un desvío de atención innecesario que les quita energía. Estar pendientes de esos temas les provoca inseguridad y malestar.

Recordemos que generar empatía con nuestros hijos es la mejor manera de afrontar saludablemente y en familia este tiempo de adaptación y readaptación escolar.

Datos de la autora

MP 121949). Magíster en Educación. Se desempeña en Emaus Consultorios de Salud Integral. Fue presidenta del Colegio Profesional de Psicopedagogos de la Provincia de Córdoba. Pueden consultarse sus videos con recomendaciones en el canal de Emaus Salud Integral en YouTube, en los que también participa la licenciada en Psicología Lucila Bettin (MP 8886).

Es columnista habitual en Salud en La Voz.

* Licenciada en Psicopedagogía