wFrlU5NMu 1256x620 1Fuente: Clarín, Lunes 26 de noviembre de 2018 - Ver artículo original

La calidad de la salud y de la nutrición, la infraestructura de conectividad internet en zonas aisladas y las condiciones socioeconómicas generales son factores con un gran impacto en los resultados educativos.

Tendemos a endilgarle toda la responsabilidad sobre el muy importante desafío educativo a los Ministerios de Educación, pero: ¿son los resultados de aprendizaje el fruto de las políticas educativas, o lo son también de otros ámbitos como la gobernanza general?

El indicador de “efectividad gubernamental” del World Governance Index refleja la calidad general de los servicios públicos en cada país, así como el profesionalismo de su servicio civil, el grado de independencia de las presiones políticas, la calidad de la formulación y aplicación de políticas en general, el compromiso del gobierno con esas políticas, y/o el control de la corrupción.

Cuando se cruzan estas variables con cualquier resultado educativo, como el test de PISA o la cobertura en educación secundaria, es sorprendente que ambos tipos de variables están altamente correlacionadas entre todos los países del mundo, incluyendo América Latina.

Correlación no significa necesariamente causación (una como causa de la otra), pero sí que estas variables avanzan “tomadas de la mano”. ¿Es posible esperar mejoras educativas en un país en que la gobernanza funciona mal en todo, lo que incluso dificulta la expedita implementación de las políticas educativas? Chile es el país de la región con mejores valores tanto en gobernanza como en educación, seguido por Uruguay, Costa Rica y Argentina, y en el otro extremo Dominicana y Perú, de entre los países en que hay datos. Sospecho que la comparativamente mejor educación chilena se explica en gran medida porque ha habido mejor gobierno por décadas, incluso en épocas de salvaje dictadura. Asesinaban opositores pero desarrollaron un enorme programa de nutrición infantil.

Hay un gran impacto de diversos factores no-educativos: la capacidad para proteger a la infancia contra los abusos intrafamiliares; la calidad de la salud, nutrición y salud mental. O bien la infraestructura de acceso físico y de conectividad internet en zonas aisladas. Son vitales también las condiciones socioeconómicas generales, que en muchos países fuerzan a los jóvenes a la deserción escolar temprana, simplemente para ganarse el pan.

Agreguemos la efectividad del combate a la delincuencia y el narcotráfico. El control de la corrupción tiene también un potente impacto: no se saca nada con aumentar el gasto educativo si este no llega efectivamente a las escuelas.

Después de mencionar estos factores “no educativos”, reiteremos: ¿son el aprendizaje y la cobertura escolar el resultado directo y único de las políticas educativas? Ciertamente no. ¿Qué pueden lograr los profesores en este contexto? ¿Los Ministerios de Educación?

Digamos que estas políticas podrán operar, pero tal vez sólo en el margen… salvo que se implementen mejoras que no dependan demasiado del funcionamiento general del gobierno si es que este opera mal, como ocurre en la mayoría de los países de la región.

Tal vez habría que favorecer las medidas más descentralizadas posibles, dándole el máximo de autonomía y flexibilidad en su aplicación a las instituciones educativas y/o gobiernos locales, y menos responsabilidad y autoridad a las burocracias ministeriales o las normas generales.

Combatir local pero integradamente las drogas, mejorar la alimentación y la salud, y realizar experimentos locales de coordinación de políticas públicas e innovación educativa tal vez sea una forma más efectiva que con grandes epopeyas nacionales de carácter legislativo, o con el mito de siempre, de “introducir mejoras al curriculum nacional”, como si este se fuera a enseñar por milagro divino.