DATA ART 2845357Fuente: La Voz del Interior, Lunes 10 de diciembre de 2018 - Ver artículo original 

Fin de año puede ser un período de mucho estrés para los estudiantes. El temor de no superar las pruebas académicas y afectar a toda la familia potencia la ansiedad.

Al llegar esta época del año, cuando se realiza el cierre de promedios, los estudiantes experimentan grandes momentos de ansiedad. Muchos han puesto su máximo esfuerzo en el ciclo lectivo, otros no tanto, pero juegan con las altas posibilidades de aprobar que sus habilidades cognitivas le proveen. De una u otra manera, toda la familia está involucrada en este tiempo.

Cuando todo sale bien, y las materias son aprobadas, la familia celebra y solo se piensa en el descanso para encarar un nuevo año. El problema surge cuando los hijos se llevan materias.

¿Cómo ayudarlos entonces? Aquí van algunas recomendaciones.

–Permitir la frustración. Muchos padres, ante la noticia de que su hijo, cualquiera sea su edad, rinde en diciembre o marzo, van al colegio para “tratar de salvar la situación” y hablan con los docentes para “pelear promedios”.

En una primera instancia, la idea es evitar el sufrimiento de los hijos y el esfuerzo familiar que esto genera. Es importante reflexionar como padres y asimilar que situaciones como éstas se darán a lo largo de la vida y es importante no evitárselas, para fortalecer en ellos, no solo la tolerancia a la frustración, sino también otros recursos psíquicos para enfrentarse a la vida, como el esfuerzo, la voluntad, la renuncia a placeres por cumplir obligaciones y también el respeto a las normas, entre otros aspectos.

– Contener y no pasar facturas, ni reprochar o culpar. Ya habrá un momento de reflexión para ello. Lo importante es brindar nuestro apoyo como padres.

–Ordenar y organizar, junto con ellos carpetas y temarios y armar juntos cronogramas y horarios de estudios, de manera tal que, cuando estudien para rendir, no desorganicen por completo la rutina y planificación del descanso familiar.

–Aunar esfuerzos entre padres cuando estos están separados. Es bueno que ambos se involucren en la situación académica de su hijo, independientemente de su vínculo como pareja.

–Descansar y evitar que rutinas de estudio aplicadas en enero o periodo de vacaciones generen luego un alto nivel de estrés y reproches al hijo, lo que podría devenir luego en malestar familiar. Hay un tiempo de descanso necesario, la mente necesita reposar de la incorporación y el almacenamiento de información. El poder enfocarse en actividades satisfactorias y en descanso, regenera funciones psíquicas y neurobiológicas, para luego ser activadas nuevamente en las tareas.

–Pasar tiempo en familia. Muchas veces, es difícil apartar estos momentos, pero es bueno compartir estos procesos académico con los hijos. Conocer sus temores al examen, sus ansiedades, sus frustraciones y generar un tiempo de reflexión sobre lo que sucedió para pensar juntos estrategias de organización para enfrentar el próximo año escolar. Es muy importante también, tener tiempos en familia, en donde el objetivo sea sólo sea el disfrute.

–Elegir los momentos para hablar. Es importante ser asertivos en los tiempos y espacios que elegimos para hablar de estos temas académicos. Por lo general, generan irritabilidad. Es bueno evitar hablar de estos temas en momentos familiares de reunión, de disfrute o al compartir la mesa para comer. El cuidar estos aspectos genera un espacio de confianza con los hijos y orden en la comunicación.

–Evitar exponerlos y hablar del rendimiento académico y las materias a rendir de nuestros hijos en eventos sociales y familiares. Esto les genera desconfianza y sensación de desprotección ante sus procesos personales. Hay temas que no son necesarios hablarlos con amigos y en público. Muchas veces se descargan así frustraciones personales, dejando de lado el costo emocional que a nuestros hijos les produce.

– Alentarlos a tener compañía. Es saludable darles la oportunidad de buscar un compañero de estudio y preparar juntos la materia, antes de pensar directamente en que un docente “los prepare”. Muchas veces, un “par educativo” promueve mayores estrategias de estudio y desarrollo de habilidades que un docente al prepararlos.

En caso de alumnos de escuela primaria, un buen recurso es que se reúnan con un compañero para organizar la información, chequear carpetas y revisar material escolar a estudiar.

–Acompañar. No olvidar que hacer “con ellos” y no “por ellos” es la clave.