la vozFuente: La Voz del Interior, 06 de marzo de 2019 - Ver artículo original

Pero para eso es neceasario que se desarrollen políticas públicas que lo hagan posible.


Los docentes enfrentamos en este inicio de nuestra actividad la tensión entre la defensa de la educación pública como un derecho universal y la producción de ciertas condiciones que lo hacen posible.

El derecho a la educación, proclamado en los discursos y en las leyes, se contradice muchas veces con las políticas concretas: escaso financiamiento; baja del salario real de las y los docentes; carencias de infraestructura y equipamiento de las instituciones, desmantelamiento de programas de inclusión social y educativa.

Por otra parte, el derecho a la educación implica un reconocimiento material y simbólico de las y los docentes. Que se haya suspendido la paritaria nacional no afecta sólo el salario de los trabajadores de la educación, sino que también supone un corrimiento de la responsabilidad del Estado como garante de ese derecho para la sociedad en su conjunto.

Si a esto le sumamos ciertas estrategias que tienden a desvalorizar el trabajo docente, la participación gremial, la formación de los profesores, y que desconocen su función social –especialmente en la educación pública–, la garantía del derecho a la educación se vuelve una abstracción o sólo una consigna declamativa.

Como parte de esa tensión, los educadores nos enfrentamos también al desafío de la transmisión y el cuidado del otro o de la otra, a la posibilidad de ofrecer nuevos horizontes a los sujetos sociales que acceden a las instituciones.

En esa tarea cotidiana se juega el sentido de la enseñanza y el aprendizaje, entendidos como un vínculo subjetivo y como un compromiso ético y político.

En tiempos en los que la sociedad está fragmentada, en los que afloran diversos tipos de violencia social (la violencia de género es un caso alarmante) y en los que la enseñanza corre el riesgo de ser desplazada por dispositivos tecnológicos de magnitudes insospechadas, recuperar el vínculo pedagógico es fundamental para la integración social.

Pero para eso es necesario que se desarrollen políticas públicas que lo hagan posible.

*Decano Fac. de Fil. y Humanidades (UNC)