madre catalinaEl 25 de noviembre pasado, hemos podido asistir a la beatificación de la Madre Catalina de María Rodríguez, Fundadora de las Hnas. Esclavas del Corazón de Jesús (Argentinas).

Mucho se ha escrito de su biografía, de cuando era laica, joven, casada, siendo madre, cuando buscaba incansablemente la voluntad de Dios, cuando fundó la Congregación, su santidad, su legado, su propuesta de entrega al Señor, etc, por ello no voy a tocar estos puntos, salvo en algo que no puedo dejar de mencionar y hacer hincapié: su personalidad, su devoción al Sagrado Corazón de Jesús y la búsqueda permanente de la voluntad de Dios.

Estos tres puntos fundamentalmente, me parecen, son los que la han llevado a ser proclamada beata por nuestra Madre Iglesia.

Desde muy pequeña vivió el dolor de las despedidas y eso produjo en ella el arraigo a las cosas de la tierra “en tanto y en cuanto” (según San Ignacio de Loyola) la hacían cada día más de Dios. Creció en un ambiente familiar cristiano, en medio de una sociedad convulsionada, una familia muy comprometida con la política y la fe. En este contexto forjó su carácter, firme en sus convicciones, audaz para presentarlas y llevarlas a cabo, nunca se amedrentó a pesar de que era una época marcada por el protagonismo masculino.

Cuando hace sus ejercicios espirituales ahonda en una experiencia espiritual imborrable y descubre su vocación, Dios le muestra que la quiere para Él, que la quiere imbuida en Él pero para los demás, por ello el amor al Corazón de Jesús y el amor a los hombres son, para ella, dos caras de una misma moneda. No podía amar a Dios, sin amar a sus hermanos y de ellos a los más necesitados y vulnerados en sus derechos y en su dignidad. Lo único que estaba en su corazón era la necesidad de que todos conozcan “al Amo”, como le llamaba al Señor.

Mucho tuvo que padecer para que se concretara su inspiración, no cesó en su búsqueda, estaba convencida de que si Dios le había mostrado tan claramente en los Ejercicios Espirituales su voluntad, en algún momento iba a concretarlo. Nunca abandonó su idea, aún en los momentos más oscuros y sin tener posibilidad humana de dar solución a lo que el Amo le pedía: sacar a la humanidad de la ignorancia religiosa y especialmente la situación de la mujer ultrajada en todos los ámbitos y realidades.

Esto es lo que celebramos el 25 de noviembre, la beatificación de una mujer entregada a Dios y a la humanidad, una mujer entregada a pasar cualquier padecimiento para que Dios sea conocido y amado, cualquier aflicción para que la mujer sea reconocida y valorada en medio del contexto histórico en el que le tocó nacer y vivir.

Esto es lo que celebramos el día de su beatificación, el legado de Amar y Reparar el dolor de Jesús en su Cuerpo, Cuerpo que es el Pueblo de Dios y la Iglesia fundada por Él. Dolor de discriminación, de abandono, de guerra, de olvidos, de búsqueda de poder, de autoritarismo, de maltratos, de odio, de venganza, de soberbia, de vanagloria, de tantas cosas que nos hacen cada vez más alejarnos de lo que Dios soñó a través de nuestra creación.
Ella, con su vida nos mostró la Voluntad de Dios para nosotros: que en lugar de la búsqueda de poder por el poder mismo, nos hiciéramos esclavos de los demás, en lugar de ser los primeros para hacernos ver, fuéramos los primeros en servir. “El Amo” la condujo, la guió y eso es lo que disfrutamos, desde siempre, desde que pudimos conocer de cerca su vida, su historia, su trayectoria como mujer laica y consagrada pero que ahora se afianza más y más con este reconocimiento universal de un milagro, por ello digo con las Hnas. Esclavas “CATALINA ES DE TODOS”
Fue un día cargado de emociones, de alegrías, de recuerdos y de reencuentros, la Madre Catalina nos volvió a unir en un abrazo interminable, fue la espera de verla en los altares que se hacía realidad, fue la fe la que mantuvo viva esa esperanza porque sabíamos que en el momento oportuno iba a producirse el milagro por la cual iba a ser beata, sabíamos y experimentábamos el amor de la madre en todos los ámbitos y tiempo. Teníamos la certeza de que la fe del pueblo de Dios iba a producir el prodigio que necesitaba para proclamar a través de la Iglesia lo que ya sabíamos era la Madre Catalina: santa.

Celebramos a la Madre Catalina y te bendecimos Señor, te alabamos y te glorificamos porque desde tu gran misericordia y bondad nos permitiste tener a una cordobesa que, junto con la Madre Tránsito Cabanillas, supo encontrarte para mostrarnos lo que quieres de nosotros, “que todos sean uno” y los que nos vean puedan decir: “miren cómo se aman”, ¿que hubo en la Madre Catalina y que habrá en estas personas que cada día “globalizan la humanidad” (San Juan Pablo II)?, ¿por qué dejan de lado sus necesidades por las necesidades de los demás?, ¿qué o Quién los lleva a vivir desprendidos de todo para encontrar al TODO en el dar y en el darse?

Que podamos descubrir el principio y fin de nuestras existencias, Al que es, Al que era y Al que vendrá, a la razón de ser de toda la Creación. Gracias Dios, Uno y Trino.

Lic. María Manfredi C.O.V

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