416274 smart phonesEduardo Casas

Con tiempo litúrgico llamado “Adviento” (cf. Mt 24,37-44) se nos propone discernir los tiempos aquello que vivimos cotidianamente. Solo así las circunstancias de la vida se transforman –por la lectura de la fe- en “tiempo de salvación”. Dios y el ser humano son protagonistas en esta colaboración.

Hay un Evangelio (cf. Mt 24,37-44) que nos advierte que cuando venga definitivamente es muy posible que encuentre a cada uno ocupado en sus actividades cotidianas y distraído en sus trivialidades: “Cuando llegue el Hijo del Hombre sucederá como en tiempos de Noé, la gente comía, bebía y se casaban y no sospechaban nada”.

Ciertamente no hay nada de malo en esas actividades. No obstante Jesús advierte que de aquellos que estén ocupados, uno quedará y que el otro será llevado. La venida del Hijo del Hombre se presenta como una elección de Dios. Cada uno será tomado o dejado según la disposición que haya manifestado para con la venida del Señor. Dios toma o deja según se lo haya tomado o dejado a Él. Su elección respeta la nuestra. Su libertad no violenta nuestra elección.

En cada Adviento se alimenta la conciencia de este regreso del Señor. La más sabia y prudente actitud es esperar despiertos, prevenidos, preparados, expectantes, atentos, vigilantes y esperanzados. Sin estas disposiciones, corremos el riesgo de vivir permanentemente sumidos en nuestras propias ocupaciones y preocupaciones.

Nuestra esperanza se sostiene en la visita de Dios. Estamos a la espera de su regreso. No tenemos que vivir como si durmiéramos. No transformemos en noche lo que está llamado a ser luz. No persistamos en la acostumbrada rutina, en el vértigo acelerado y enceguecedor de aturdirnos constantemente.

Jesús es nuestro Adviento. Él es la venida y el regreso de Dios que aparece irrumpiendo en nuestra vida. A la luz de este Evangelio podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que actualmente te tiene ocupado y preocupado?; ¿qué te distrae de la presencia del Señor que está viniendo?; ¿concebís el encuentro con Jesús como un regreso?

Que el Señor Resucitado –el cual transita por nuestros caminos y siempre esté llegando a nuestra vida- nos ayude continuamente a vivir preparados. Que seamos discípulos atentos, expectantes y diligentes, en una sabia administración de nuestro tiempo, ocupaciones y preocupaciones. Mientras nos preparamos a cerrar y hacer un balance de un año más que el Señor nos ha permitido vivir.

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